TANIA REALIDAD VIRTUAL

Sunday, March 13, 2005

Sobre Derrick De Kerckhove: propiocepción, autonomación y otras curiosidades...

Realidad Virtual

Tania de la Torre Castelán
8º. Comunicación
Universidad del Mayab
Mérida, Yucatán
México

La tecnología, gracias a la ciencia, va avanzando a pasos agigantados. La tecnología no sólo forma parte de nuestra vida hoy día, sino que “dependemos” de ella para vivir. Es difícil diferenciar o tratar de separar al hombre de la tecnología, pues como bien afirma Marshall Mcluhan, los medios (la tecnología) son una extensión del hombre. Es cierto que la tecnología es una extensión del hombre, en muchos casos, es específicamente una extensión del cuerpo humano. El teclado de una computadora, es la extensión de nuestras manos, de nuestros dedos al escribir; un micrófono es la extensión de nuestra boca, de nuestras cuerdas bucales para incrementar la potencia de nuestra voz; el zoom de una cámara, es la extensión de nuestros ojos, que nos ayuda a obtener mayor detalle de las cosas; todos estos ejemplos son ciertos y muy válidos.

Creo que el hombre puede y en muchos casos debe ayudarse de la tecnología para lograr sus objetivos y facilitarse la vida. Como menciona Derrick De Kerckhove en el capítulo 3 Presencia, Real y Virtual, finalmente la tecnología existe para ayudar al hombre, no para reemplazarlo, que es lo que comúnmente se piensa y se pensó cuando las primeras maquinas reemplazaron al hombre para la producción en masa durante la revolución industrial. Hoy nos damos cuenta que las máquinas, los robots, la tecnología, finalmente son nuestros aliados. No sólo les hemos perdido el miedo, sino que ahora no podemos concebir una vida sin computadoras, sin televisión, ¡sin teléfono celular!, ¡qué digo del microondas!.

Eso fue en un principio. Como en casi todo, el hombre suele temer a lo desconocido y siempre opone una resistencia a lo nuevo, al cambio, a lo diferente. Me consta que esta etapa ya está superada. Ahora no tememos a la tecnología, al contrario, la amamos, la necesitamos y cada vez nos gusta más. Es más nos gusta tanto que aquel viejo temor ha resurgido, pero ya no por temor a lo desconocido, sino por amor a lo conocido. Hemos aprendido a convivir tanto con la tecnología que ahora nos asusta ser reemplazados físicamente por ella. El ser humano no dejaría de existir, sino que se convertiría en híbrido de mente-máquina. Lo que muchas religiones desearon alguna vez, separarse del cuerpo y existir sólo con la mente, podría hacerse realidad. El cuerpo no sería más un estorbo y por fin el hombre alcanzaría la tan anhelada inmortalidad (una especie de nirvana, caber-nirvana).

Suena loco, aunque no imposible. Creo que tecnológica y científicamente esto podría llegar a realizarse. Hasta ahora el hombre ha logrado cosas que antes veíamos como imposibles y hoy son tan cotidianas para nosotros. Lo que no creo posible es que el hombre sea capaz de vivir así y mucho menos para siempre. El hombre hasta donde yo sé, está formado por tres dimensiones: cuerpo, mente y espíritu. Al meter la mente en un ordenador, lo estamos privando de dos dimensiones importantísimas. Yo no creo que el hombre pueda ser feliz, ni realizarse existiendo de esta manera. Porque finalmente somos “animales” y tenemos instinto y sentidos y nos encanta sentir, tener un cuerpo, ser únicos. ¿Dónde quedaría la individualidad de la persona si todos viviéramos en una computadora? ¿Qué nos diferenciaría? Y sobre todo ¿qué nos motivaría a seguir, a luchar, a esforzarnos, a valorar nuestra “vida” (si es que puede llamársele vida), si nunca vamos a morir? creo que la muerte es la que nos hace valorar nuestra vida y darle un sentido a nuestra existencia. Quizá soy muy anticuada, pero en lo personal, no me gustaría que eso sucediera, yo no concibo una vida a través del ciberespacio. Aunque sé que nuestra mente la percibiría como real, finalmente sentiríamos, tocaríamos, seríamos capaces de tener sensaciones tal como ahora, aunque no fueran reales; en ese sentido la mente es muy fácil de engañar. Creo que a lo que el autor se refiere es a vivir en una especie de “Matriz”, donde el cuerpo quedaría desechado y la mente sería la única que trabajaría y recibiría estímulos y gratificaciones. Me gusta el mundo real, me gusta la naturaleza, la materia, necesito tocar, ver y no sólo tener la sensación de tocar y ver, que es lo que se ha logrado por medio de la simulación en la realidad virtual. Me gusta lo auténtico, lo real. Además no creo que un ser humano pueda aguantar vivir por siempre, porque somos parte de la naturaleza y la naturaleza es cíclica, tiene un principio y un final. Creo que el hombre se volvería loco de tanto vivir y habría ciberlocos. En definitiva estoy en desacuerdo con esta idea, aunque creo que tecnológicamente sí podría darse.

Por otro lado, dentro de la tecnología digital encontramos dos “artefactos” o “mecanismos” que comercialmente tienen gran futuro: los avatares y los agentes. Ya en la práctica, en el ciberespacio, es difícil diferenciarlos si tienen demasiada autonomía, pero básicamente existe una diferencia: el agente es un software que se encarga de realizar acciones por el usuario. Tiene la suficiente autonomía para sentir y actuar en un momento determinado y de acuerdo a estas sensaciones, son los objetivos del mismo. Dependiendo de la situación, es la acción que el agente realizará. El agente está para facilitarle la vida al usuario, realiza acciones por él, sin que éste tenga que avisarle o pedírselas. Los proactivos son agentes que tienen la facultad te tomar la iniciativa; los adaptables, aprenden las preferencia del usuario; los personalizados, conocen al usuario y se adaptan a él. El agente es el típico “robot” diseñado específicamente a ayudar al hombre, a simplificarle la vida y a realizar funciones por él. Podría decirse que tiene la capacidad de tomar decisiones, tiene la suficiente autonomía para actuar por sí mismo. En cambio, un avatar es un software con una función diferente: representar al usuario en el ciberespacio. El avatar es la apariencia, el look, el “cuerpo”, la identidad del usuario. Puede ser en forma humana, animal, un objeto un alien, cualquier cosa. Lo interesante de esto, es que en el mundo de la red, uno puede tener diferentes personalidades por medio de los avatares. El usuario puede cambiar de sexo, de nacionalidad, de edad, de forma, de tamaño, de características físicas. Por eso se dice que es una máscara digital. Por que es lo que el usuario usa o se pone para ser visto en la red. Esto le da mayor libertad al usuario y la tranquilidad de sentirse cómodo con su nueva apariencia; además, le brinda una ventaja: nadie sabe quién es realmente. En otras palabras, resumiendo en una metáfora: un agente sería nuestra mucama, y un avatar sería nuestra ropa y maquillaje. Este software es comúnmente utilizado por nosotros, sólo que no nos percatamos de su existencia, ni de su función, al menos no concientemente.

Se dice que el hombre por instinto tiende a volver a su etapa más simple e indefensa: la de bebé. Cuando tenemos miedo por alguna razón tomamos la posición fetal o abrazamos a alguien como cuando abrazábamos a nuestra madre de pequeños. Esto quiere decir que nos proyectamos hasta nuestra etapa infantil. La relación que existe entre la metáfora del túnel y el concepto de autonomación es precisamente que ambas son proyecciones. El concepto de autonomación propone la proyección del hombre en una versión tecnológica: un robot. Es decir, el robot perfecto, el robot ideal: autónomo y automático; libre y con capacidad de toma de decisiones, como un humano. Y esa etapa de transformación, de cambio, de creación comúnmente es representada por nosotros a través de un túnel, la cual también es una proyección. En las películas, en los libros, en las caricaturas, en donde sea aparece un túnel. Tal parece que tenemos el “trauma” instintivo del nacimiento de haber pasado por el tracto cervicouterino. Ese túnel oscuro, esta etapa de cambio: el nacimiento.

Tal parece que a la vez que el hombre avanza en la tecnología, también retrocede a sus primeros instintos, a sus primeras costumbres, al hombre de las cavernas, a la prehistoria, a su esencia: un simple ser humano.

Por otro lado, parece que la tecnología tienen la culpa que el hombre no se reconozca a sí mismo, de que se olvide que existe y que tiene un cuerpo que es capaz de sentir. Esto como resultado de lo que anteriormente mencioné: los medios son extensiones del hombre, a tal grado que el hombre ya no puede distinguir o encontrar sus límites. La piel ya no es su límite. Por ello tenemos la necesidad reafirmarnos como personas, de ver y sentir hasta dónde somos nosotros y hasta dónde empieza la tecnología. Es por ello que en los últimos años el hombre ha expresado esta necesidad de sentirse vivo, de sentir su cuerpo, de usarlo, de llevarlo hasta el límite a través de deportes o situaciones extremas como el puenting, el rafting, etc. El hombre necesita sentir la adrenalina de su cuerpo, sus músculos, cada célula. Quiere recuperar su capacidad de propiocepción. La mente quiere reencontrarse con el cuerpo. Y es que actualmente estamos inmersos en vidas demasiado pasivas, muy rutinarias, donde el esfuerzo mental es mucho más premiado que el físico, el intelecto ha tomado demasiada importancia. No basta con tener una carrera, hay que estudiar dos y alcanzar un doctorado en ambas. El ser humano se ha olvidado de estimular y de cuidar su cuerpo. Por lo que necesitamos ponerlo en situaciones de peligro, de riesgo para “volver” a sentirlo y a valorarlo. Esta valoración del cuerpo se logra a través del miedo, “si algo le llegara a pasar…”, el temor a sentir dolor, malestar, sufrimiento. A veces eso es lo único que nos recuerda que estamos vivos y lo valioso que es nuestro cuerpo, la salud, el estar sanos y completos.

Esto es sólo una probadita de cómo la tecnología ha transformado al hombre y éste se ha tenido que ir adaptando a su nueva forma vida. Si es progreso o retroceso... no lo sé, la verdadera pregunta es ¿hasta dónde llegaremos?...

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